domingo, 22 de febrero de 2015

La pequeña escuela

La escuela es pequeña. No está en una zona céntrica, ni siquiera está bien comunicado. Se encuentra en un barrio de casas bajas, tranquilo, de gente trabajadora y humilde.

Yo no le echaría más de setenta metros cuadrados, y eso contando los vestuarios. A veces, cuando somos muchos, hay que organizarse mejor para entrenar, ya que no cabemos bien. Y, sin embargo, lo damos todo en cada sesión. Sudamos, reímos y también disfrutamos.

Aunque van llegando nuevos alumnos, en general estamos los mismos de siempre. Muchos son chicos del barrio, o de la zona. Yo cruzo medio Madrid para llegar a éste pequeño gimnasio que conocí durante la universidad. Voy y vengo por el mundo, pero siempre vuelvo aquí, y el lugar sigue siendo el mismo.

Durante las clases, nuestro maestro nos corrige. Sus clases son excelentes. Se centra en ver nuestras virtudes y defectos. Para la clase de vez en cuando para explicar porqué hacemos lo que hacemos, y cómo se hace correctamente. Y, aunque el ambiente de trabajo es perpetuo, nunca falta alguna sonrisa. 

Algunos meses me retrasaba en pagar, y me daba vergüenza volver sin haberlo hecho. Cuando era más chaval, mi trabajo no era estable y no tenía mucho dinero, pero a él nunca se preocupó. Sólo me animaba a entrenar y me decía que lo dejara para más adelante. Y me retrasé varias veces, pero nunca fallé.

No hace falta tener una gran escuela ni ser el más conocido para ser el mejor. Él no conoce el ego. Entiende el Karate como una forma de vida, no como un negocio. Su vida es enseñarlo, y el Karate es, realmente, su vida. 

Por eso, vaya donde vaya, esté donde esté, siempre acabo volviendo a España, a Madrid, a esa pequeña escuela del barrio humilde donde hay un maestro de Karate que fue y siempre será campeón del mundo. 

jueves, 14 de febrero de 2013

Complementando nuestras habilidades.

En el transcurso de nuestro camino como artistas marciales, esencialmente cuando uno quiere ir a más y absorber todo lo que pueda, solemos encontrarnos con una inquietud específica acerca de otras artes, prácticas o conocimientos que puedan ampliar los nuestros para mejorar nuestro "todo". El enfocarnos en uno u otro depende en gran medida de nuestros intereses personales, tanto físicos como espirituales, aunque debería también tratarse de manera objetiva, llevándonos por un camino que nos hiciera más completos.

Muchas veces sentimos, normalmente de forma acertada, que hay campos específicos que no estamos tocando tanto como deberíamos en el arte que practicamos normalmente. Muchas veces la amplitud de un arte específico es tan grande que nos impide enfocarnos en un sólo campo, tocando muchos palos pero sin especializarnos en ninguno. Otras veces se da el caso de que un arte se especializa tanto en un factor que deja a otros diametralmente de lado. Por ello quizá sea interesante que uno busque y trate de complementar sus conocimientos y habilidades. Esto, sin duda, le hará progresar sustancialmente no sólo en el arte que practica habitualmente, sino también en éste nuevo.

Hay que tener en cuenta que no sólo estamos hablando de factores físicos, sino también espirituales o psicológicos. No es la primera vez que menciono la importancia de que un arte tenga sentido a nivel espiritual. Como decía el maestro Musashi, "el poder sin justicia no es más que pura violencia". Que un artista marcial conozca profundamente el valor que tiene la vida de los demás, y el daño que es capaz de inflingir es símplemente fundamental. Soy tajante cuando digo que nadie debería enseñar un arte sin mostrar a su vez éste carácter de preservación.

Como resumen, a lo dicho anteriormente, hay cuatro factores que deberíamos tener en cuenta cuando buscamos un nuevo arte que practicar:

1. Físico. Nuestro nivel físico engloba diferentes características como resistencia, potencia, fuerza, velocidad y flexibilidad. Así mismo, podemos desgranar el factor físico también en nuestras diferentes extremidades que a su vez se trabajan en los anteriores factores: pierna, brazos, pectorales, dorsales... Los tipos de pregunta que deberíamos hacernos son: ¿trabajo con igual de efectividad mis patadas como mis puñetazos? Aunque mis patadas son amplias y tengo flexibilidad, ¿son fuertes?

Complementar nuestro arte con otro que trabaje aquello en lo que flojeamos supondrá un incremento sustancial en nuestra capacidad física general.

2. Mental. A nivel mental podríamos estar trabajando aspectos como reflejos, enfoque, memoria visual y concentración. Quizá nuestro arte no practica mucho el combate, o al menos el sparring. Uno puede aprender a golpear, pero si no es instruído en situaciones cercanas o parecidas al combate, posee unos conocimientos que no puede utilizar correctamente. Es más, se tratará de unos conocimientos estancados, ya que no progresarán. A éstos efectos entra en juego la importancia de entrenar los reflejos. Por otro lado, la capacidad de enfoque se basa en aquella que tenemos para entender un conocimiento o técnica y desgranarlo, entender su porqué y su forma de ser. La memoria visual nos ayuda a repetir un movimiento o técnica con más facilidad. La concentración es lo que nos permite favorecer los factores previos e incrementarlos.

Los niveles mentales suelen progresar con más lentitud que los físicos. Los reflejos o el enfoque son factores que se aprenden con años de buena instrucción, y también de interés por parte del propio artista marcial. Jamás progresaremos en nuestro enfoque si no nos interesamos en entender lo que hacemos y nos limitamos a hacerlo sin preguntar, sin observar.

Hay que tener en cuenta la concentración como factor importante que no sólo depende de nosotros, sino del entorno de nuestra clase. Nuestro maestro debe propiciar que las clases se mantengan en un ambiente de trabajo, para así evolucionar favorablemente y sin distracciones. Ésto es algo esencial a la hora de escoger más a nivel de escuela que de arte en particular. Ojo, es importante que la clase sea distendida también para eliminar el estrés, pero siempre desde una perspectiva de trabajo.

3. Técnico. En éste punto trataremos factores como tipos de golpeo o agarre, lanzamientos, proyecciones e incluso posiciones. Pocas artes trabajan tan eficientemente el suelo como el Jujitsu, y es difícil encontrar un arte que nos enseñe a utilizar el golpeo con codos o rodillas como el Muay Thai. Hay que tener en cuenta que no sólo podemos complementar un arte marcial con otro, sino con diferentes disciplinas, como puede ser el yoga o la musculación, que llevadas a cabo eficientemente pueden ser un gran aliado en nuestra formación.

4. Espiritual. Desgraciadamente, en la vida nos encontramos con muchos artistas marciales que provienen de escuelas donde lo único importante es pelear y vencer, dejando el respeto de lado. El interés reside más en el número de alumnos que tienen y las ganancias tanto a nivel competitivo como económico que puedan aportar. Aclarar que no hablo en contra de las competiciones, todo lo contrario, pues aportan unas experiencias inigualables para el artista marcial. Lo importante es cómo se abordan éstas.

Si uno quiere crecer ya no sólo como artista marcial, sino como persona, debe tratar de evitar estos lugares seleccionando de manera óptima. En la mayor parte de los gimnasios se nos permite acudir a una clase de práctica para probar o símplemente observar. Si uno no lo tiene claro habiendolo observado, siempre puede acudir a su práctica. 

Por supuesto, éste último punto es algo que uno debe valorar de forma personal, y entender qué es lo que pretende obtener de la práctica de las artes marciales. Sin embargo, puedo decir basándome en mi propia experiencia que un ambiente adecuado donde nuestro maestro trate de sembrar la semilla de la buena conducta y el respeto en nosotros es algo que nos completa y nos inspira, un hueco que jamás podría llenarse de otra manera y que nos lleva inexorablemente a lo que podría considerarse "el camino verdadero del budo".

Por último, hay que tener en cuenta que también pueden surgir problemas a la hora de complementar un arte marcial. Si nuestras bases no están fuertemente asentadas, podemos tener problemas al ejecutar una misma técnica bajo dos patrones diferentes. E incluso cuando las bases están asentadas, a veces lo están tanto que en ciertos momentos pueden generarnos algún problema, sobretodo a la hora de ejecutar técnicas que se nos pidan (esto, por ejemplo, se da cuando un maestro nos pide aplicar de una manera una misma patada y un maestro de otra, siendo en esencia el mismo golpe).

En base a un análisis de éstos parámetros, uno puede calcular y experimentar buscando un arte o disciplina y escuela que se adapte a sus necesidades. La curiosidad por aprender siempre nos hará progresar.

martes, 3 de abril de 2012

Iniciación a los Ukemi: La caída en abanico.

Cuando alguien comienza en el mundo del Aikido, su primera preocupación, por encima de conocer las técnicas, debería ser aprender a realizar ukemi de forma adecuada y segura. Cada uno tenemos unas preferencias en cuanto a éstos temas: hay gente que desde el primer minuto se interesa profundamente en el concepto del ukemi y quiere desarrollarlo al máximo mientras que otros tratan de evitarlo cuanto pueden por miedo a las lesiones que puedan suceder de su práctica.

Como sabemos, a la hora de entrenar las técnicas existen dos figuras: el Tori (en japonés "取り"). Es, por así decirlo, "el que agarra", aunque hace referencia más bien al que ejecuta la técnica. Luego está el Uke ("受け"), el que "recibe" la técnica) Ambos son conceptos sacados de Judo que se han globalizado, pero también podría aplicarse el término nage (el que lanza). Pues bien, a la acción del Uke se le llama Ukemi, y al conjunto de técnicas, Ukemi waza. La traducción exacta no es "caída", sino "receptor del movimiento". Por lo tanto, lo que aprendemos en clase es Ukemi waza, o "técnicas para aprender a recibir el movimiento". 

El arte del Ukemi es, básicamente, aprender a recibir un ataque, proyección o agarre y saber adaptarse a él para recibir el mínimo daño posible, sea del tipo que sea. Estos puede contener caídas, desplazamientos, rodamientos, etc.

Caída en abanico desde Kotegaeshi.
En el caso del Aikido, los Ukemi básicos no son muy complejos. Los más usados son en el rodamiento hacia delante (ya sea con la misma mano o mano opuesta), rodamiento lateral, caída hacia atrás con golpe, rodamiento hacia atrás, etc. No suelen ser técnicas con las que, generalmente, nadie tenga problemas a la hora de su comprensión o ejecución. No obstante, en un futuro hablaremos detenidamente de éstas y de las mejores maneras para aprenderlas. 

En éste caso vamos a tratar un tipo de ukemi muy particular, que es la caída en abanico, fruto de la recepción de técnicas como el kotegaeshi (proyección por torsión de muñeca), y es que es, probablemente, de lo más complicado que aprenderemos como Uke en el arte que es el Aikido. 

La dificultad de este movimiento, en realidad, radica en nuestro propio miedo a ejecutarlo, ya que interviene un giro inusual que expone la cabeza contra el suelo a la hora de su proyección. Pero he ahí la clave: la cabeza. Introducir correctamente la cabeza en el giro es lo que impedirá que caigamos de mala manera. 

Para ir perdiendo el miedo, existe un ejercicio específico que consiste en rodar por encima del cuerpo de un compañero arrodillado (ver las siguientes imágenes), espalda con espalda, sacando la cabeza más allá de su cuerpo y girando por encima. Para mantener el giro y no caer antes de tiempo, utilizamos la mano del lado en el que se encuentra el compañero y, si es necesario, nos sujetamos a él y así frenamos el impacto hasta que nos acostumbremos.

1. Nos colocamos en lateral con respecto al compañero arrodillado y apoyamos el dorso de la mano contra él.   2. Dejamos caer lentamente el cuerpo perpendicularmente. A medida que cojamos confianza, rodaremos menos con el cuerpo y más con el hombro.  3. Sacamos la cabeza más allá del hombro del compañero. El cuerpo gira sobre él.

4. Las piernas giran por encima en forma de abanico. El brazo se estira para romper la caída golpeando contra el suelo.
5. La caída finaliza. 

Este método de entrenamiento es muy útil para entender la forma en la que el cuerpo gira cuando caemos, y para acostumbrarlo al impacto contra el suelo. Una vez hayamos entendido ésto, el compañero puede colocarse cada vez más alto (en vez de arrodillado, en cuclillas, o agachado) y así aumentar la altura para coger costumbre. El paso siguiente será hacerlo en dinámico a través de una técnica.

La presión del meñique va hacia la base del pulgar, de modo
que laarticulación quede inmovilizada.
El problema es que, aunque la forma en la que volamos al caer en abanico es similar a la que hemos entrenado, la manera en la que nos proyectan no lo es. Poniendo por ejemplo el kotegaeshi, cuando nos agarran de la muñeca, giran y proyectan, ésta no va exactamente de lado a lado. Para que la presión de la muñeca sea adecuada de modo que haya una inmovilización de la articulación, debemos realizar una presión diagonal. Es decir, la presión del meñique debe dirigirse hacia la base del pulgar. No basta con girar su antebrazo trazando un arco.


Uke se introduce hacia su derecha, pero, como se puede
comprobar, tiene cierta inclinación hacia delante.
Por su parte, el uke debe dirigir su cabeza no sólo hacia su lado derecho (poniéndonos en el caso de ésta imagen), sino también hacia delante, hacia una ligera diagonal. El impulso con el pie derecho (sin saltar, esto es importante) debería hacer el resto. El movimiento que realiza el tori debe guiar nuestro propio cuerpo, y nosotros debemos dejarnos llevar a su vez por el mismo. 

Al principio lo normal es bajar la cabeza lo suficiente como para rodar con el resto del cuerpo al entrar en contacto con el suelo. A medida que avancemos, podemos ir cayendo directamente desde el giro en el aire. La razón del movimiento diagonal es que, usando la potencia con que nos lanza el rival, nos ayuda a abrir las piernas en abanico. En cambio, si vamos de lado a lado normalmente las piernas se doblarán y el movimiento no estará bien ejecutado.

Como últimos consejos: 

- Tanto uke como tori deben realizar sus movimientos con decisión y sin miedo. El miedo es el mejor amigo de las lesiones.

- Evitar poner la espalda en las caídas por temor al dolor.

- No saltar al realizar una caída. No es lo mismo impulsarse que saltar.

- Romper las caídas con el brazo contrario al que nos han agarrado y no caer con el hombro directamente.

- Cuanto más introducimos la cabeza, más rápido gira el cuerpo detrás.

- Cuanto más diagonal, más apertura hay en las piernas.

- Practicar y practicar.

lunes, 26 de marzo de 2012

El Hakama y su tradición (Parte I).

El otro día finalizando una de nuestras clases de Aikido, alguien preguntó el porqué de llevar hakama, qué significa y de dónde viene. Me he dado cuenta de que poca gente conoce realmente estos datos, y muchas veces, los que se conocen son erróneos. Ese es el motivo de la entrada de hoy, que va a tratar sobre todo lo relacionado con ésta prenda indispensable en el trabajo del arte.

Pero, ¿de dónde proviene el hakama? 

Hakama doblada al estilo tradicional.
En un principio se trata de una prenda que antiguamente se colocaba encima del pantalón, y estaba confeccionado a base de telas gruesas, ya que se usaba para proteger las piernas de los jinetes de la maleza. En Japón el cuero era escaso, por lo que era caro, así que una hakama de cuero suponía un nivel adquisitivo elevado. Con el paso del tiempo y la llegada del periodo Edo la clase samurai se disolvió para dar paso a la infantería, aunque aquellos de esta casta siguieron usando la prenda como símbolo distintivo. El uso del hakama se convirtió en un símbolo de nobleza y alto estatus, por lo que las telas empezaron a confeccionarse de materiales más finos y ligeros, y normalmente de colores de gamas oscuras.

Existían de varios tipos, aunque los que son utilizados actualmente en la práctica de artes marciales son el "joba hakama", que es la falda-pantalón. Las otras dos versiones más utilizadas antiguamente eran el hakama simple, que se trata de una falda con forma de tubo (sin división para las piernas) y otra versión más larga que lleva un exceso de tela, usado por los sirvientes y los visitantes del shogun o el emperador. El motivo de ésta prenda era dificultar un ataque u ocultar un arma, ya que este exceso de tela obligaba a andar de rodillas para no tropezarse con él (método shikko).

¿Por qué se usa el hakama?

En la actualidad, muchas escuelas utilizan el hakama como símbolo distintivo para aquellos que son cinturón negro o que ostentan un grado elevado (llamados Yudansha), quizá por la relación entre el color negro y una habilidad superior. Sin embargo, Morihei Ueshiba establecía en sus clases que todo el mundo debía llevar hakama, incluso los iniciados. En el libro "Los principios del Aikido", el maestro Saotome Mitsugi afirmaba lo siguiente:


"Cuando yo era uchi deshi de O´Sensei, a todos se les exigía usar hakama para practicar, comenzando con la primera vez que uno se paraba en el tatami. No había restricciones en la clase de hakama que se podía usar entonces, así que el dojo era un lugar muy colorido [...]. Imagino que algunos de los jóvenes que comenzaban se veían entre la espada y la pared por tomar prestado el costoso hakama de su abuelo, el cual se usaba sólo para ocasiones y ceremonias especiales. Recuerdo vivamente el día en que olvidé mi hakama. Me estaba preparando para pisar el tatami para la práctica, usando únicamente mi gi, cuando O´Sensei me detuvo. "¿Dónde está su hakama?" reclamó severamente. "¿Qué le hace pensar que pude recibir la instrucción de su maestro usando nada sino su ropa interior? ¿No tiene sentido de la decencia? Obviamente le falta la actitud y la etiqueta necesaria en alguien que persigue el entrenamiento del budo. ¡Vaya a sentarse a un lado y mire la clase!"


Y es que pocos saben que el gi, tradicionalmente, era realmente la "ropa interior" que utilizaban los japoneses a la hora de dormir (he ahí porqué en Japón casi todas las mujeres que practican Aikido comienzan a usar pronto el hakama, ya que sin él se sienten más desprotegidas).

Saotome Mitsugi Sensei.
En la época de O-Sensei, tan cercana al periodo de guerra, la gente no tenía dinero para comprar un hakama, por lo que aquellos que no tuvieran uno heredado de algún familiar debían utilizar cortinas o la tela de un futón y teñirlas de forma barata. El maestro Saito decía que, del uso constante (sobre todo en la práctica en suwari waza), muchos perdían el tono y se dejaba ver el estampado real de la tela, o, en el caso del futón, salía la pelusa.

Pero, ¿por qué O-Sensei Ueshiba tenía aquella fijación en su uso? El hakama representa unos valores vitales  del budo que todo practicante de artes marciales debe conocer y predicar, indicado por el número de pliegues que esta prenda tiene. Estos son siete (cinco por delante y dos por detrás), y simbolizan la valentía (Yuuki), la benevolencia (Jin), la rectitud (Gi), la cortesía (Rei), la sinceridad (Makoto), la lealtad (Chugi) y el honor (Meiyo).

Para las figuras tradicionales, el hecho de que actualmente el hakama sea una prenda restringida para el uso únicamente de los yudansha es una tragedia. Simboliza la degradación de unos valores tradicionales que se han transmitido en Japón de generación en generación, los valores del samurai del pasado, un espíritu que nace del bushido y sobre el que se ha de reflexionar. Se ha transformado en un "premio para mostrar" más que un medio que recuerde al artista marcial su humildad y su viaje continuo hacia una evolución personal y espiritual por medio de estos valores. Esto es algo que debemos honrar y tener en cuenta cada vez que practiquemos Aikido.

sábado, 11 de febrero de 2012

El origen de las armas en el Aikido

Si ahondamos en los orígenes del Aikido actual encontramos que la base esencial sobre la que fue ideado, entre otras artes, es el combate con armas que estudió O-Sensei Ueshiba en su búsqueda por encontrar un arte marcial distinto que sirviera para lidiar con la fuerza sin usarla, para desarmar a un oponente procurándole el menor daño posible. De ésto ya hablamos en una de las entradas anteriores acerca de los orígenes del Aikido, aunque hoy vamos a tratar sobre el apartado específico del uso de las armas y su razón de ser.

Soporte del Tanren uchi.
Para ello vamos a remitirnos a una de las fuentes más fiables que podemos, que no es otro que el maestro Morihiro Saito: uno de los alumnos directos de O-Sensei. Si bien no era uno de los deshi, formó parte de la siguiente generación de aikidokas.

Las armas esenciales del Aikido sobre las que O-Sensei Ueshiba trabajaba eran, como ya sabemos, el Jo (bastón de madera) y el Bokken (espada de madera), y en un principio su práctica estaba permitida únicamente a los uchi-deshi (alumnos directos). Los estudiantes solían entrenar por las mañanas el uso de éstas armas mediante el llamado "tanren uchi", un método consistente en golpear con el arma un soporte en el que podía colocarse una rueda o una madera en posición horizontal para fortalecer los brazos y mejorar la técnica. Según el maestro Saito, O-Sensei les exigía que con cada golpe se efectuara un intenso kiai que potenciara el golpeo. Cuando los alumnos estaban exhaustos y no podían moverse, el maestro les permitía finalizar.

La segunda parte de los entrenamientos con armas consistía en aprender la técnica de golpeo y los diferentes movimientos. O-Sensei los efectuaba simulando que peleaba con un rival, y los alumnos debían captar el movimiento y aprender a realizarlo. No existían katas, y no existía un método específico, puesto que el maestro no daba nombre a cada movimiento.

Ejemplo de Bokken Suburi.
Con el paso de los años, el maestro Saito comenzó él mismo a dar clase y decidió estructurar este tipo de aprendizaje, con la finalidad de hacerlo más sencillo. Dividió las técnicas de golpeo del Jo en veinte movimientos sencillos separados en cinco tipos que incluían tsuki (directos), katate, uchikomi (de golpeo), nagare y hassogaeshi (movimientos en ocho).

Debido a que el Aikido se había popularizado, las clases podían tener una asistencia de más de treinta alumnos y era necesaria una organización más concreta. Los suburi se numeraron y ampliaron de veinte a veinticuatro al añadir un sexto tipo (en hayagaeshi), pero, debido a la dificultad de los mismos, al final éstos se subdividieron hasta dar treinta y un movimientos.

Aunque no se trataba de una kata sino de una simple estructuración, los alumnos los estudiaban en orden y se acabó extendiendo la costumbre de llamarlo "kata de treinta y un movimientos" hasta el punto en que llegó a establecerse como forma dentro del estudio del Aikido.

En cualquier caso, los diferentes maestros de Aikido desarrollaron sus propias vertientes del arte y sus estudiantes hicieron lo propio a su vez, por lo que la práctica de las armas no es un estándar. Por un lado encontramos escuelas que desarrollan sus propios katas, tanto en bokken como en jo, y a las que incluso se ha añadido el aprendizaje de contratécnicas ante el tanto (cuchillo). Por otro hay escuelas que apenas practican el uso de las armas, aunque, según O-Sensei y el propio Saito sensei, el aprendizaje de las técnicas básicas de armas es esencial para comprender el Aikido.

Después de todo, O-Sensei Ueshiba comenzaba sus clases siempre desarrollando las técnicas con armas primero, y luego a mano vacía, para demostrar, en propias palabras, que bokken, jo y mano vacía finalmente son lo mismo. 


Morihiro Saito junto a O-Sensei Ueshiba.

domingo, 18 de septiembre de 2011

El comienzo de un nuevo camino

Ha llovido mucho desde que comencé a escribir aquí. Han pasado días de esfuerzo, de entrenamiento duro, de compartir ilusiones y sueños. De ganar y perder, de recuperar, de sufrir y olvidar mi camino. De recordarlo y entender que la vida es continuo aprendizaje y de que un final no es sino un nuevo comienzo.

He comprendido quién está a mi lado y quién se ha quedado por el camino. Aprendido cuando hay que luchar y cuando pararse a meditar, a diferenciar lo justo de lo injusto y aquello por lo que hay que darlo todo y no rendirse jamás. Ahora sé cual es el significado del sacrificio, de sudar sangre y llevarse a uno mismo hasta el límite de lo que es sano por un ideal. Sé lo que es sumergirse en la oscuridad para nadar hacia la luz. He caminado por una senda de dolor y he vuelto. Ahora sé que no hay una sola via para llegar a donde queremos llegar, pero sé que para llegar a algo valioso es necesario estar dispuesto a todo y no quedarse a mitad de camino.

El mundo ha cambiado, la vida ha cambiado y yo con ella. Y, aunque con una cicatriz, mis manos agarran fuerte un equipaje que no puedo compartir con nadie más, en el que sólo cabe voluntad, determinación y la guía de mi propio espíritu. Atrás dejo a la gente que amo y que lo ha sido todo para mi, y mi corazón estará con ellos siempre. Pero ahora es momento de cambiar y de seguir aprendiendo, de dar un paso más allá no sólo en el entrenamiento, sino en la vida. Me acompaña un compañero formidable que ha decidido ser parte de este viaje, cuyos consejos siempre encuentran su sitio y sabiduría que transmitir.

Ahora sólo queda una cosa que hacer: mirar hacia delante para crear un futuro con mis propias manos.

Cuando el destino así lo quiera, volveré a mi hogar.

viernes, 1 de julio de 2011

Fundamentos del Aikido I : Tenkan.

Si pudiéramos identificar un elemento imprescindible sin el cual el Aikido no sería Aikido, probablemente cualquier conocedor del arte nombraría sin dudarlo el "tenkan". Y, de hecho, es cuando éste movimiento no es ejecutado correctamente cuando el Aikido pasa de ser energía dinámica a ser fuerza bruta. Tanto es así que, últimamente, he comprobado con mis propios ojos la gran importancia de tener un tenkan bien entrenado, y cómo los más inexpertos miran en ocasiones con extrañeza cuando se les indica una y otra vez acerca de esto.

Pero, ¿qué es "tenkan"?

Dentro del arte del desplazamiento, o "tai sabaki" en el aikido, es el engranaje esencial que mueve prácticamente toda la maquinaria en cada técnica. El Aikido es un arte dinámico que aprovecha la fuerza del rival para proyectar e inmovilizar utilizando el menor esfuerzo posible. Pues bien, para ello es indispensable el uso de este movimiento.

Tenkan es un movimiento de rotación ejecutado por el tren inferior cuya energía se inicia en la cadera y se extiende hacia las piernas, pivotando sobre una de ellas, en un efecto de compás.

El uso de los brazos se reduce básicamente a "guiar" la fuerza del contrario, como si su golpe fuera un tren acelerando por unas vías y nuestra mano sirviera como un cambio de agujas para hacerle cambiar de trayectoria por otro carril. La fuerza que aplicará el brazo debe limitarse a eso en el 90% de las técnicas: a guiar, a conducir, nunca a forzar. De ésta manera el movimiento del oponente es reconducido y amplificado, o absorbido, por la potencia del movimiento del tenkan.

Tenkan es, básicamente, la coyuntura entre la fuerza del rival y nuestro cuerpo: es el punto de conexión que hay que aplicar en el lugar exacto con la fuerza adecuada. Por ejemplo, si nuestro paso es profundo y potente y su golpe fuerte, la fuerza puede amplificarse varias veces en contra del oponente. Si, por el contrario, queremos reducir dicha fuerza, el paso puede ser menos profundo y nuestro movimiento realizado en forma de absorción y no de amplificación.

Es imposible pensar que un oponente que nos supera varias veces en tamaño va a ser doblegado por la fuerza de un ser de menor tamaño. Sin embargo, si es su fuerza la que se aplica en su contra, la cosa cambia, pero para ello es imprescindible este movimiento. Muchas veces nos encontramos en momentos en que ésto es ardua tarea, ya que llegar a dominar este factor del Aikido supone haber llegado a una maestría considerable en el arte y es cosa de mucho entrenamiento. Pero hay algo completamente cierto: funciona.

Se dice que la caligrafía es la armonía entre el pincel, la tinta y el pergamino. En el caso del Aikido, éste es la armonía entre el los practicantes, la técnica y la energía. Las tres cosas deben estar en sincronía y equilibrio entre ellas, sino es imposible la ejecución de una técnica correcta. El Aikido no es sólo proyecciones, técnica y espíritu: también es física pura.

En resumen: la ejecución correcta de nuestro tenkan es uno de los pilares imprescindibles para hacer evolucionar correctamente la técnica, y es algo que hay que entrenar en profundidad.

jueves, 2 de junio de 2011

Lecciones de Hagakure I: Aprender de los errores.

Cuando el Señor Mitsushige sólo era un niño, se le pidió leer un pasaje de un libro del Monje Kaion; por ello llamó a los otros niños y acólitos para decirles: "Os ruego que os acerquéis y escuchéis. Es muy difícil leer cuando no hay nadie que escuche". El monje quedó impresionado y dijo a los fieles: "Es con este espíritu con el que hay que hacer todas las cosas".

Con esta pequeña fábula quiero comenzar una sesión de entradas que traten sobre "Hagakure", un libro sobre estrategia samurai de referente similar a obras de la talla de "El Arte de la Guerra" de Sun-Tzu o "Gorin no Sho" de Musashi Miyamoto. Posee grandes lecciones ya no sólo a nivel marcial, sino para conquistar las batallas de la vida. Hagakure nos enseña la aceptación de la vida incluso cuando no tenemos deseos de vivir, nos enseña a morir diariamente para ser conscientes del presente perpetuo y a buscar más allá de lo superficial.

La historia que se nos presenta al inicio de la entrada representa algo tan esencial como es el propio reconocimiento humano. Si analizamos detenidamente la historia, comprenderemos que lo que el Señor Mitsushige pretende no es ser escuchado por todos de una forma pueril, en otras palabras, para recibir la atención de todos. Su intención es "ser escuchado" para "ser analizado" por los demás, para descubrir si realmente sus lecturas están bien ejecutadas y ver hasta donde llegan sus conocimientos.

Con la frase "Es muy difícil leer cuando no hay nadie que escuche" se está haciendo referencia a la capacidad de aquel que observa de discernir los fallos de una manera más precisa que aquel que está ejecutando la tarea en sí. Lo que el Señor Mitsushige quiere, pues, es ser "criticado" para poder pulir más su técnica. Es conocedor de que, dándose esta situación, algún observador será capaz de encauzarle mejor hacia su objetivo, que es mejorar su ejecución.

Sin embargo, en la práctica real no todo el mundo es capaz de asimilar una crítica como algo positivo. Hay que comprender que no todas las críticas pretenden ser constructivas, es más, en muchas ocasiones todo lo contrario. Sin embargo, es innegable que detrás de cada crítica destructiva hay cierta cantidad de verdad. Es ahí donde debemos enfocarnos para poder cambiar en los puntos negativos.

Haciendo alusión a este mismo punto, en otro apartado del libro encontramos cómo un samurai desconocido cita textualmente: "No se puede conceder confianza al que no ha cometido jamás un error [...] No animar a un hombre porque ha cometido errores es impedir que mejore".

Errar es humano al fin y al cabo, y es siendo conocedor de éstos errores como uno es capaz de crecer en la vida. Por eso, que cada crítica resulte un nuevo motivo para autoexaminarse y mejorar, y no uno para derrumbarse. Uno puede superar su propia facultad de discernimiento si aprende a leer y escuchar con provecho.

domingo, 29 de mayo de 2011

Naturalidad.

Existe un refrán que dice "Aprende todo lo que puedas para después olvidarlo". Hasta hace bien poco no había entendido el significado concreto que tiene. Creo que es algo que es perfectamente aplicable tanto para la vida diaria como para la práctica de las artes marciales, más concretamente para el aikido, en el que la fluidez es un elemento clave.

En éste mundo, toda persona que se precie de tener inquietudes y querer crecer como ser humano busca siempre poder comprender mejor todo aquello que le rodea, aprender de la vida y de la gente. De ésta manera nos sentimos más seguros con nuestro entorno, nos acercamos a esa meta de poder "controlar" nuestras circunstancias de forma que nada nos sorprenda. Como artista marcial es lo mismo, queremos llegar a la máxima perfección que podamos para alcanzar el grado más alto en nuestro propio nivel.

El problema se genera cuando llega un punto en el que debemos dejarnos llevar por nuestros instintos y ser naturales pero no lo conseguimos hacer. ¿Por qué? Porque nos hemos acostumbrado al análisis exhaustivo, más allá del instintivo, y estamos demasiado sistematizados. Y es que nada puede ser controlado al cien por cien. Ni siquiera con los mayores conocimientos.

Llega un punto en que si sistematizamos nuestro cerebro para llegar a un resultado en concreto, crearemos un vicio que no nos permitirá ser naturales cuando haga falta al "mecanizarnos". Por ejemplo, si nos concentramos demasiado en ejecutar cada paso de una técnica, es muy probable que ésta pierda toda su fluidez. El cuerpo humano, el ser humano necesita ser natural. Necesita hacer las cosas a su manera, aunque estén mal hechas, y por eso, aunque hay estudiantes más aventajados que otros, todos necesitamos pasar por éstos puntos y dejarles pasar por ellos para que de ahí vayan avanzando.

Y a aquellos que ya poseen amplios conocimientos y quieran perfeccionarlos, lo mismo: de ahi la necesidad de "olvidarlo todo una vez lo hayamos aprendido bien". La actitud básica debe ser dejarse llevar por la situación, olvidarse de la tensión, sentirse cómodo con el momento y fluir. Es útil respirar profundamente e intentar vaciar la cabeza de pensamientos.

Llevo tiempo considerando que mi capacidad de análisis me ha ayudado a llegar más rápido a conocimientos que otros no tendrían aún en mi situación, y ello genera sentimientos de superioridad nada adecuados. Ahora he comprendido que dicha facultad es un factor positivo, pero no es algo de lo que se deba abusar.

En conclusión, el análisis de las situaciones o de las técnicas nos abrirá las puertas a conocimientos más amplios en menos tiempo, si somos astutos para absorberlos. Pero, de la misma manera, pueden hacernos perder efectividad si abusamos de esa sistematización que nos embota la mente y nos insensibiliza, y no dejamos paso a los movimientos naturales. Como todo en ésta vida, el propio artista marcial, como guerrero y como ser humano, debe saber ser equilibrado.

martes, 1 de febrero de 2011

El fin de una era.

Hay veces en ésta vida que, de pronto, todo se despeja en tu mente y el mundo te parece mucho más simple. Cosas que veías incomprensibles; ataduras que parecían irrompibles se hacen pedazos y, de pronto, te ves a tí mismo como alguien muy diferente. No entiendes porqué has pasado tanto tiempo sufriendo cuando el mundo que está ahi fuera te espera, un mundo que tiene posibilidades ilimitadas para ti.

He sido capaz de llegar a ésto gracias a una amiga muy especial que no olvidaré jamás. Y no ha sido por ningún consejo suyo, sino más bien por una reflexión mía acerca de su actitud ante la vida que me ha enseñado cosas que otras personas simplemente veían de cajón, gracias a compartir nuestra forma de pensar tirados en un sillón a lo largo de esta semana. Mañana cogerá un avión y no la volveré a ver hasta dentro de mucho tiempo, pero su calor y su cariño seguirán conmigo.

En ésta vida hay que darlo todo por nuestros sueños. Y a veces esos sueños no son sólo objetivos, también son personas. Una persona puede ser tu sueño. El problema es cuando somos incapaces de llevarlos acabo por miedo al futuro, por miedo a equivocarnos o dar un mal paso. Cuando la mente está clara, no hay limitaciones: somos capaces de construir nuestro camino con los materiales que nos encontramos en él.

Ninguna cosa es definitiva en éste mundo. Todo perece y todo vuelve a resurgir. Las cosas que se rompen pueden arreglarse, pueden volver a funcionar. Para alguien que comprende que no existen barreras, que no conoce las barreras, saltar el charco y viajar miles de kilómetros de un lado a otro no significa nada, y más si es por una persona a la que se quiere. Que abandones un lugar no significa que abandones a la gente que quieres ni tus sentimientos por ellos. Por eso el proyecto Ronin sigue hacia delante, algo muy importante para mi que fue aparcado hace casi un año, del que sólo unos pocos sabían, y del que se irán revelando detalles muy lentamente.

Y por ello lamento profundamente informaros de que éste blog cierra sus puertas; no de forma definitiva pero sí permanente. Hace mucho que no escribía aunque he tenido todos los temas del mundo para hacerlo: se debe, sinceramente, a distintos motivos: Por un lado sentimentales, pero el principal durante los últimos meses ha sido la falta de tiempo libre.

Si éste blog cierra sus puertas es porque no sé cuando volveré a escribir. Quiero centrar todos mis esfuerzos en completar aquello que empecé hace cuatro años: aprendiendo idiomas, entrenando, conociendo amigos, compañeros, preparando el terreno para lo que viene, que os aseguro que es bastante gordo y ambicioso. Quiero que sepais que sigo visitandoos, sigo buceando entre vuestros blogs y deseándoos lo mejor.

Ahora, estamos en medio de la creación de una página web de nuestro propio dominio para el proyecto. Pero, mientras tanto, podeis comprobar por el blog que hemos creado en qué consisten las trazas principales del mismo hasta que ésta página esté activa. Espero que lo disfruteis y espero que consigáis todo lo que os proponéis en ésta vida.

Nada es imposible con esfuerzo, así que jamás os deis por vencidos, nunca. Un abrazo muy fuerte a todos vosotros. Muchas gracias por estos dos años de apoyo contínuo y grandes conversaciones.

Nos veremos muy pronto.

Proyecto Ronin: http://www.roninma.blogspot.com/

domingo, 14 de noviembre de 2010

La piedra lunar

Existía en su día el rumor de que las estrellas fugaces que caían a la tierra eran fragmentos mágicos procedentes de la luna. Se decía que poseían la cualidad de cumplir todos los deseos de aquel que la obtuviera.

Un día, un joven caminó durante días ascendiendo hasta la cumbre de una montaña, donde se decía que vivía un gran maestro capaz de convertir a sus alumnos en los más poderosos hombres que existían en la tierra. Cuando el joven llegó por fin, éste le rogó al maestro que le adiestrara. Decía querer ser el más fuerte, el más hábil, el más sabio y el más diestro que el mundo hubiera conocido nunca. El hombre accedió, pero sólo si lograba traerle un fragmento de las estrellas fugaces que habían caído esa misma noche desde el cielo.

El joven, lleno de voluntad y motivación, comenzó su búsqueda incansable recorriendo el mundo. Peleó contra fieras, pasó noches en la intemperie, cruzó ventiscas, atravesó vendavales, conoció gente, culturas, lenguas y tradiciones; hizo amores y muchos más amigos. Obtuvo conocimientos, experiencia; pero también observó el pesar y la pobreza que asolaban el mundo. Tras mucho tiempo, durante su búsqueda, halló un cráter. Finalmente había obtenido la piedra.

Recorrió el camino de vuelta hasta la morada del gran maestro. Cuando entró por la puerta ya no era aquel joven que tiempo atrás lo había visitado: se había transformado en un hombre fornido y atlético, con la piel dura como el cuero, pero con un corazón cuya bondad lo rebasaba y poseedor de una sabiduría sin límite. Se postró de rodillas al maestro, que ya era anciano, y le ofreció la piedra. "Aquí tiene la piedra, maestro", dijo. Entonces el maestro tomó entre sus manos las del joven, devolviéndole la piedra. "Entonces no tengo nada que enseñarte. Aquello que buscabas con tanto anhelo ya es tuyo".

sábado, 23 de octubre de 2010

Mokusô

Un túnel se extendía ante mí. En él reinaba la más absoluta oscuridad, y la simple idea de saber dónde me encontraba se deducía por la tenue luz oculta al final. Realmente no podía llamarse luz, simplemente era un punto en el que la oscuridad era menos densa. A través de ella, se dibujaban en el aire diversas formas que se transformaban y cambiaban de tono, deformándose y formándose a mi alrededor.

Me concentré más profundamente. Varios sentimientos se cruzaron en mí. Esperanza, pena, alegría, tristeza, dolor. Investigué más a fondo. El túnel era una vía de energía, una de las miles que surcan el cuerpo humano. Seguía las rutas a toda velocidad buscando algo. Había algo en mi interior pudriéndome, y la única manera de encontrarlo era buscar desde dentro.

Los canales entraban en cada parte del cuerpo nutriéndolos de energía, viajando a través de cada músculo, cada fibra. Nada parecía estar fuera de lugar, estaban sanos y fuertes. Pero había algo que estaba mal. Seguía navegando por el flujo cuando entonces, lo encontré.

Un agujero profundo. La energía no podía llegar a él, sólo rodearlo. Era un pozo negro y profundo de la nada más absoluta. Todo el tejido que delimitaba con el agujero se encontraba sin fuerza, sin vida. A pesar de no poder entrar en él, las emociones que emanaba decían de su origen. Ahí antes había algo, algo que yo no tenía pero que me fue entregado y mi cuerpo hizo parte de si mismo, hasta formar parte de mi vida. Ahora su carencia me consumía por dentro infectándolo todo. Entonces caí.

Era ella. Era la vida que llevaba, las costumbres que había adquirido, lo que había aprendido y me había enseñado. Las llamadas, las risas, las caricias, el perfume de su cuerpo y de sus labios, la esencia de su pelo cuando duerme cerca de mí, las noches interminables a su lado. Los recuerdos, el amor. ¿Dónde estaba todo aquello? Mi cuerpo había hecho de ello un órgano más del que se servía para vivir. Y ahora, sin él, el resto estaba muriendo lentamente.

A través de los canales, traté de mandarle energía positiva, voluntad. Fuerza. Envié un sentimiento de esperanza, de que quizá se llenaría de nuevo algún día. No daba señales. Traté entonces de aislarlo, como cuando se veda una zona para que no dañe al resto, aunque siga ahí. No era la solución, pero funcionaba. El problema es que no quería desaparecer, sino recuperar aquello que antes lo llenaba, aquello que antes lo nutría desde dentro y le daba toda la fuerza del mundo. Fue en ese momento cuando el que se negó fui yo.

A medida que recuperaba la consciencia directa, me dí cuenta de que el agujero se encontraba en un lugar muy particular: el corazón. Entonces abrí los ojos.

Me encontraba frente al tatami, solo. La meditación había finalizado.


domingo, 17 de octubre de 2010

Budô

"Desde la noche de los tiempos los hombres han luchado en nombre de los Dioses, pero ¿por qué pelean los hombres? ¿Los Dioses aman tanto la guerra? ¿Están tan ávidos de proezas y lealtad?

No, esa no es la respuesta.

La respuesta está en cada uno de nosotros. Hasta tan lejos como nos sea posible retroceder en la memoria del hombre, rige en nuestro destino y en la vida de todos los seres vivos, se refleja indefectiblemente en nuestros genes; pues el hombre posee el gen de la lucha desde siempre.

Esos genes existen en cada uno de nosotros, y empujan a los más fuertes a luchar, a seguir ese camino jalonado de pruebas enfrentándose a todos los peligros y desafiando a los hombres más valerosos. Ese objetivo que se anhela alcanzar, superándose cada día. Ese camino que trazamos gracias a la fuerza y la técnica de nuestros músculos, encadenando combates y duelos, nos conduce a una verdad oculta en los más profundo de nosotros mismos..."

viernes, 8 de octubre de 2010

La llave de la felicidad.

"El Divino se sentía solo y quería hallarse acompañado, por lo que decidió crear unos seres que pudieran hacerle compañía. Pero cierto día, estos seres encontraron la llave de la felicidad, siguieron el camino hacia el Divino y se reabsorbieron a Él.

Dios se quedó triste, nuevamente solo. Reflexionó. Pensó que había llegado el momento de crear al ser humano, pero temió que éste pudiera descubrir la llave de la felicidad, encontrar el camino hacia Él y volver a quedarse solo. Siguió reflexionando y se preguntó dónde podría ocultar la llave de la felicidad para que el hombre no diese con ella. Tenía, desde luego, que esconderla en un lugar recóndito donde el hombre no pudiese hallarla.

Primero pensó en ocultarla en el fondo del mar; luego, en una caverna de los Himalayas; después, en un remotísimo confín del espacio sideral. Pero no se sintió satisfecho con estos lugares. Pasó toda la noche en vela, preguntándose cual sería el lugar seguro para ocultar la llave de la felicidad. Pensó que el hombre terminaría descendiendo a lo más abismal de los océanos y que allí la llave no estaría segura. Tampoco lo estaría en una gruta de los Himalayas, porque antes o después hallaría esas tierras. Ni siquiera estaría bien oculta en los vastos espacios siderales, porque un día el hombre exploraría todo el universo. “¿Dónde ocultarla?”, continuaba preguntándose al amanecer.

Y cuando el sol comenzaba a disipar la bruma matutina, al Divino se le ocurrió de súbito el único lugar en el que el hombre no buscaría la llave de la felicidad: dentro del hombre mismo. Creó al ser humano y en su interior colocó la llave de la felicidad."

jueves, 23 de septiembre de 2010

Maestro

Cuando entré por primera vez, realicé una profunda y sentida reverencia. Ante mí tenía a un verdadero maestro. Jamás sabré expresar el sentimiento que me invadió en ese momento, pero si tuviera que hacerlo de alguna manera, diría que me sentí ínfimo, enano.

Su físico era poderoso: manos y pies fuertes, espalda ancha y mentón duro. Pero no era el físico lo que imponía, sino otra cosa completamente diferente. Un aura en torno a él. Es como si tu cuerpo reaccionara entendiendo que esa persona es ampliamente superior a tí en muchos sentidos.

Pero, ¿qué es un maestro? Después de todo éste tiempo he comprendido que un maestro es aquel que te adiestra, por un lado, para comprender la técnica de un arte marcial. Por otro, para comprender su filosofía, cultura y maneras, su correcto uso... Y a mi entender, quien no aúna éstas características no lo es. ¿Por qué?

Un maestro tiene un gran poder en sus manos. Un maestro es una figura que los alumnos veneran y siguen, aspiran a llegar algún día a ser como él. Indirecta y directamente, el maestro influye en dos aspectos del alumno:

-Motivación física: Las ganas de superarse físicamente para alcanzar un gran nivel, para combatir con mayor eficiencia o para perfeccionar su técnica.

-Motivación espiritual: La ambición del alumno por respetar la cultura y maneras que hay tras un arte, sus ganas de desarrollar un espíritu fuerte que sirva de base sobre la que se asienten el resto de sus conocimientos.

Cuando un maestro no es capaz de equilibrar ambos aspectos, aparecen deficiencias. Si la motivación física es mayor, el alumno se obsesiona con probar su fuerza y no le importa a qué precio, por lo que se vuelve peligroso. Es importante el entrenamiento espiritual para que el alumno aprenda a controlar su poder. Cuando la motivación espiritual es superior, el artista marcial no crece como tal y sus habilidades no se desarrollan de una manera eficiente, dejando más paso a la teoría que a la práctica, y en el momento de la verdad puede fallar. No es malo tener más motivación en un aspecto que en otro, puesto que es lo que distingue un tipo de guerrero de otro, sino el hecho de que la desigualdad entre ambos factores sea excesiva.

Un maestro que se precie no tiene porqué compartir la filosofía o cultura que predica el arte, pero es su deber diseminarla cuando entrena a sus alumnos para respetar la tradición. Si existe tradición, conducta y respeto en una clase, si existe apoyo, consideración y compañerismo, será lo que el alumno absorba y extienda. Y es que no es maestro el que alardea de su capacidad, sino el que es capaz de expresar sin tener que pronunciarse.

Es por eso que estoy orgulloso del maestro que tengo, y le dedico esta entrada. Sin venerar la cultura oriental la respeta. Es fuerte, pero es humilde. No tiene que demostrarle a nadie lo que puede hacer, pero todos sabemos de lo que es capaz. Pudiendo tenerlo todo, tiene lo que le hace falta. De esa manera lo tiene todo.

Rei.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Agua

La vida se ve diferente cuando las gotas de sudor revientan contra el tatami a cámara lenta. Lanzas un puñetazo, dos, retrocedes, vuelves a entrar y de nuevo otra combinación. Los miembros pesan como si estuvieran anclados firmemente al suelo, los movimientos son mucho más lentos e imprecisos. Entonces otra gota se desprende tras deslizarse por mi cara, y vuelve a caer pesadamente contra el suelo. Ahora sus movimientos cortan el aire, y mis guantes de plomo trazan inconstantes guardias que apenas reducen la fuerza de los golpes.

Oigo de fondo la voz del maestro, puliendo mis movimientos, recordandome formas, reforzándome el ánimo. No me he sentido más torpe en mi vida, y, sin embargo, siento algo dentro que deseaba que volviera a florecer, algo que notaba que se había dormido estos últimos tres meses. Las lesiones es lo que tienen.

Tras una ducha de agua bien fría en los vestuarios, noto cada poro, cada fibra, cada músculo relajándose y comienzando a recibir oxígeno, como si el sudor hubiera acumulado una densa capa de polvo congestionando todas las células de mi cuerpo y sepultándolas. Volvía a respirar de nuevo.

Cuando salgo por la puerta tras despedirme de mi maestro, me pesa el cuerpo y trato de no arrastrar los pies, con un resultado medianamente convincente. La ropa me resulta incómoda, a pesar de la ducha el calor hace que se me pegue y me mueva con dificultad. Nada como un kimono para vestirme. Que curiosa es la vida, de pronto he comprendido que cuando me enfundo mi uniforme es cuando vuelvo a ser yo mismo. Mi ropa de calle no es más que el disfraz con el que trato con la gente.

Es duro volver tras este periodo, pero es como si hubiera nacido de nuevo. Bebo lo que me parecen mares de agua, y tras cerrar la botella y encaminarme al metro, poco a poco empiezo fruncir los labios y se me escapa una risa. Sé que cuando llegue a casa escribiré sobre esto en el blog.

sábado, 31 de julio de 2010

La filosofía del Aikido (Parte III).

Nos despedimos del mes de Julio, y con él del descanso. Para mí ya va siendo hora de volver a los entrenamientos, puesto que he perdido mucho tiempo. Para reiniciar la actividad del blog después de éste mes, vamos a comenzar siguiendo uno de los temas que son más visitados y por los que la gente suele tener más interés, mientras voy preparando las próximas entradas sobre entrenamiento.

A continuación os dejo con otra de las conferencias ofrecidas por el Gran Maestro Morihei Ueshiba, acerca del principio fundamental del círculo, uno de los pilares más básicos de el arte que es el Aikido.

¡Espero que todos esteis disfrutando mucho de las vacaciones!

Conferencia: El principio fundamental del círculo.

"La técnica del Aikido se organiza alrededor de un movimiento circular, puesto que todo conflicto se resuelve a través del espíritu del círculo. Por ello, para la creación de la técnica del Aikido resulta vital la adaptación del cuerpo y la mente al principio del círculo.

Un circulo delimita un espacio determinado, y el ki nace de la libertad perfecta del vacío así creado. Los procesos creadores de la vida se unen por acción del espíritu al Universo infinito a partir del centro del circulo. El espíritu es el creador, el padre eterno del que nacen todas las cosas.

En virtud de este principio, el proceso creador del espíritu es limitado. Dentro de este circulo, el ki del Universo se implica en el proceso de evolución y protección. El movimiento del Karma se inscribe en el círculo del equilibrio, y el Budo del Aikido se inscribe en el de la protección. El circulo del espíritu es el manantial del ki. El principio del círculo une el espíritu a la materia a través del Aikido. Este contiene y crea innumerables técnicas porque encierra todo el ki del Universo. Sin él no podría existir la gloria, la sabiduría, la integridad, ni la posibilidad de unir espíritu y materia. Es más, las funciones de recuperación del organismo dejarían de existir. Esta es la circulación constante de la renovación del Kokyu.

El círculo del espíritu empieza y acaba en la unidad del Universo. El Budo del Aikido emerge del dominio de este espíritu. La esencia de este Budo es abarcar la reacción de causa y efecto así como abordar cada cosa como si uno la tuviese cogida en su mano. Todos tenéis un espíritu y debéis ser conscientes del espíritu que cada ser humano posee. Todo se resuelve a través del principio del círculo. El secreto del círculo es crear una técnica que penetra en el corazón del espacio."

lunes, 28 de junio de 2010

Tiempo de descanso.

Quería tratar dos o tres temas más antes de irme de vacaciones, pero por problemas de tiempo no lo he conseguido. Dentro de un par de días me marcho a la playa y no volveré hasta mediados de julio. Aprovecharé para relajarme, disfrutar y volver a entrenar, ya que tras una lesión que tuve hace un mes no he podido hacer ejercicio intenso. Por ello he preparado un entrenamiento y unos ejercicios de los que hablaré a la vuelta, aunque dudo que escriba nada hasta Agosto (al igual que el año pasado). Seguiré pasandome cuando pueda por vuestros espacios para ver cómo os va e ir comentando.

No quiero cerrar esta entrada sin dedicar unas palabras especiales para la persona que lleva aguantándome todo este tiempo, resignándose mis días de entrenamiento, respetando mi vocación, alentándola y viviéndola conmigo como nadie lo había hecho nunca. Gracias a tí por darme la motivación que me hace superarme cada día. Ahora mismo tienes tus propias batallas, y como tú, aquí me tienes, siempre luchando a tu lado.

Un abrazo muy fuerte, ¡y os deseo a todos unas buenas vacaciones!


lunes, 14 de junio de 2010

La vida en cada sorbo de aire.

Hace tiempo que quería poner una reseña a esta película, sin duda de mis favoritas. Y es que entre los versos del guión podemos encontrar joyas de la filosofía del guerrero. Últimamente no tengo demasiado tiempo para escribir con los examenes, así que aprovecho para dejar este extracto de la película.

Se trata de una conversación entre el Capitán Algren y el samurai Katsumoto. Aunque comenzaron siendo enemigos, los caminos del destino les han unido en la batalla. Pero, finalmente, sus caminos se separan:



Katsumoto La flor perfecta es algo muy raro. Puedes entregarte a la búsqueda de una sola y no habrás malgastado tu vida.

Algren¿Quién envió esos hombres a matarte?

KatsumotoEscribo un poema sobre un sueño que tuve. Los ojos del tigre son como los míos, pero él viene de allende, un mar tempestuoso.

Algren¿Fue el Emperador? O Omura...

Katsumoto Si el Emperador desea mi muerte, sólo tiene que pedirla.

AlgrenAsi que fue Omura...

KatsumotoTengo dificultades para acabar con el poema. ¿Puedes sugerirme un último verso?

AlgrenNo soy escritor.

KatsumotoSin embargo, has escrito muchas páginas desde que llegaste...

Algren¿Qué más te ha dicho Taka?

KatsumotoQue tienes pesadillas...

AlgrenTodos los soldados las tienen.

KatsumotoSólo los que se averguenzan de lo que han hecho.

AlgrenNo tienes idea de lo que he hecho.

KatsumotoHas visto muchas cosas...

Algren – Así es.

Katsumoto Y no temes a la muerte, pero algunas veces la deseas. ¿No es cierto?

AlgrenSi...

Katsumoto Sí, yo también. Eso les pasa a los hombres que han visto lo que hemos visto. Y luego vengo a este lugar de mis antepasados y hago memoria... como estas flores vamos muriendo. Reconocer la vida en cada sorbo de aire, en cada taza de té, en cada muerte que causamos… Ese es el camino del guerrero.

AlgrenLa vida en cada sorbo de aire...

Katsumoto Eso es... Bushido. El Emperador nos concede un salvo conducto para Tokio... partimos mañana.

AlgrenBien...

KatsumotoBien... Cuando cogí esto –Katsumoto le devuelve sus apuntes a Algren- tú eras mi enemigo.


Es una de las escenas más emotivas de la película, reforzada por la maravillosa composición de Hans Zimmer, que pone la música del film.

Como Katsumoto dice, el camino del guerrero es reconocer lo que hace con cada acción, y la repercusión que tiene. Esto es el karma, el equilibrio: Se arrebata la vida de unos para salvar a otros. La mano no tiene que llevar una carga emocional, el guerrero debe estar por encima de eso. Y, quizá, es lo que tanto dolor provoca: saber que aquel que ha vivido y muerto tenía una vida tan valiosa como la de cualquiera, pero símplemente su habilidad ha sido inferior en un momento crucial.

Bruce Lee dijo: "Las batallas de la vida no siempre llegan al hombre más fuerte o más rápido, pero tarde o temprano, aquel que vence es porque cree que puede hacerlo".

En el fondo, la fuerza más poderosa, lo más importante, son las ganas de vivir. Y esto, para mi, se traduce en el amor por los seres queridos y la amistad de los verdaderos amigos.

Y aunque se hable del egoísmo del ser humano, en realidad el ser humano es felíz haciendo cosas por los demás, por su felicidad y por su bienestar.

lunes, 31 de mayo de 2010

Peleando en la calle: Técnica (parte II).

"Es inútil decirle a un río que deje de correr: lo mejor es saber cómo nadar en la dirección en que fluye"

He extraído ésta cita anónima, curiosamente, de un libro de marketing que he sacado de la biblioteca justo hoy. Creo que explica fielmente muchas teorías que he expuesto en éste blog, y encaja perfectamente con el hilo del tema con el que continuaré.

Ésto es una recopilación que he desarrollado y ampliado de distintas enseñanzas que he encontrado en el "Libro de los Cinco Anillos" (Gorin no sho) de Musashi Miyamoto, "El Arte de la Guerra" de Sun Tzu, la filosofía del gotompo (arte del entorno) del Ninjutsu y algunos conceptos del "Tao de Jeet Kune Do" de Bruce Lee.

Muchas personas piensan que la mejor manera de evitar un combate es parecer más fuerte, y es cierto, pero en muchos casos lograrlo se basa en el factor intelectual. Saber "seguir la direccion del rio", o coloquialmente "de qué pie cojea cada uno" nos permitirá en múltiples ocasiones salvarnos de situaciones complicadas. Como decía O-Sensei Ueshiba, la mejor victoria es aquella que se logra sin pelear. Pero en éste caso, nos encontramos con esta inevitable situación. Para lograrlo, analizaremos tres factores; Enemigo, entorno y uno mismo:

· Nuestro enemigo: A nivel físico y psicológico.

¿Cómo es? Si es alguien muy musculado, lo más probable es que sus piernas sean el punto más débil. Está completamente demostrado que el 80% de los culturistas o símplemente personas que acuden a muscularse al gimnasio, apenas trabajan el tren inferior. Por tanto, sus piernas soportan un peso muscular más desproporcionado, favoreciendo lesiones de ligamentos y tendinitis. Aprovecharemos esto, y así mismo, también de sus puntos más débiles: genitales, rodillas, cuello, garganta, ojos, sienes; procurando controlar la zona del impacto y bajo un juicio adecuado. No es un combate justo, pero nosotros no tenemos porqué serlo.

¿Se encuentra en forma? Su musculatura y postura pueden darnos muchos datos. Por ejemplo, si practica algún arte marcial y reconocemos su estilo antes de que comience a pelear, podemos adaptar la técnica para hacerla más efectiva. Si, por el contrario, no presenta una musculatura y es más bien delgado, podemos atacar las costillas y el hígado, golpear los brazos... inutilizarle probando a golpear los puntos más básicos para procurar hacer el mínimo daño pero reducirle.

¿Presenta alguna característica especial? Alguna herida o cojera, sintomas de contusión... Atacaremos en ese punto. Si es de huesos finos o musculatura ligera nuestros golpes impactarán con más fuerza. Por ejemplo: Una persona con las muñecas finas tiene más facilidad de partirsela que otra con las muñecas gruesas. Procuraremos aprovechar estos puntos.

¿Número de oponentes? Cuanto menor sea el número nuestras posibilidades serán superiores, eso es evidente. Es nuestro juicio el que dictará qué hacer según la peligrosidad aparente del rival.

¿Algún factor psicológico? No todo el mundo actúa de forma similar. Si hay más de un rival puede que no todos estén de acuerdo con la actuación del más agresivo, o que alguno se crezca por la presencia de su "lider" pero en el fondo sea un miedoso... Si se da la situación, puede que noquear de un sólo golpe a uno de ellos espante al resto.

¿Llevan algún arma o instrumento? Se trata de vigilar a dónde van sus manos cuando la situación se pone tensa, si alguno está bebiendo una litrona o una lata pueden utilizarla como arma. Si alguno saca una navaja, priorizar la vigilancia de ésa persona.



· Entorno: Es condicionante de manera total, tanto que puede orientar el camino de una batalla a nuestro favor o en nuestra contra.

¿Momento del día? Si hay mucha luz nuestros movimientos, al igual que los suyos, son mucho más perceptibles. Si estamos en la oscuridad o es de noche serán más imperceptibles, lo cual resulta positivo y negativo a la vez, aunque nos ofrece la posibilidad de encontrar un escondite con mayor facilidad si emprendemos la huida.

¿Orientación del sol? Buscar siempre tener el sol a nuestra espalda, para desulmbrar a los oponentes y golpear.

¿Tipo de vía? Si tenemos la necesidad de huir, es mejor hacerlo por calles estrechas y numerosas. Si tenemos una buena velocidad es fácil conseguirlo, si no, siempre podemos "simular" nuestra huida. No todo el mundo corre a la misma velocidad, por lo que podemos golpear al primero que llegue y seguir corriendo. Eso o buscar un lugar donde podamos enfrentarnos uno a uno a nuestros oponentes.

¿Localización? Tener un leve conocimiento del entorno puede ayudarnos: si tenemos cerca una comisaría o un lugar muy frecuentado es muy probable disuadir el combate inevitablemente. Si conocemos el barrio sabremos los puntos débiles y los fuertes que tiene, y por donde meternos para perderles de vista.

¿Algún objeto? Palos, ramas, tubos, botellas, latas, piedras e incluso arena. Podemos utilizarlos para combatir si el combate es desigual o lo consideramos necesario. Para alguien entrenado en kendo, encontrar un tubo de hierro o un palo consistente puede significar vencer un combate contra tres o incluso más oponentes con daños mínimos para ambas partes.


· Uno mismo: Evidentemente, el autoanálisis es la parte más importante.

¿Podemos vencer? Tras el análisis anterior efectuado, decidir si se combate o se huye, o se emprende alguna técnica disuasoria.

¿Nuestra técnica es adecuada a la situación? Si las habilidades que el/los oponentes presentan son reducidas o, por el contrario, muestran signos de ser superiores a las nuestras o estar en ventaja, es un factor que hay que tener en cuenta.

Generar una táctica: Antes de que nuestros rivales ataquen, decidir qué se hace primero si combatimos (neutralizar al más peligroso primero, para continuar con los siguientes). Procurar vencer con el menor número de movimientos posible. Economizar movimientos, enfocarnos en los puntos débiles... Si nos piden la cartera, ofrecerla a la mano que lleva un arma y luego golpear, o golpear una vez vayan a cogerla le resultará algo completamente inesperado.

¿Llevamos algo encima? Las llaves de casa, un kubotani, un bolígrafo o un spray antivioladores pueden ser elementos muy útiles para defenderse. Podemos usar el boligrafo o las llaves como elemento punzante para atacar bajo las costillas, algo bastante efectivo.

Elemento sorpresa: Hay que aprovecharse de él, permanecer en guardia pero sin postura. Alerta. En ocasiones, no desvelar nuestra capacidad es útil. Así podemos atacar por sorpresa cuando piensen tener la sartén por el mango. Hay quien piensa que adoptar postura de ataque amedrenta, pero no suele ser así. En muchos casos sólo se consigue aumentar las burlas de los rivales hacia uno mismo.

Todos y cada uno de nosotros tenemos capacidad de juicio y debemos ser conscientes de lo que podemos y no podemos hacer, y del daño que el ser humano es capaz de infligir a otros, y que uno mismo puede infligir. El uso de éstas técnicas es puramente didáctico, y tenemos que procurar hacer buen uso de ellas.