Un cinturón blanco contra uno marrón.
Jadeo... me cuesta respirar. Sus ataques son potentes, y a pesar de ser más grande que yo, es muy rápido. Ya habíamos combatido juntos antes. Es capaz de ver todos mis ataques. No soy rival para él.
He recibido un mawashi geri (patada lateral) al costado que me arde como el fuego.
Pero aún puedo hacer algo.
El combate empezó equilibrado, ambos mirándonos a los ojos. Calmados. Tensos. Sabíamos que en cualquier momento cualquiera podía lanzar el primer golpe... pero los dos esperábamos al contrario.
Él se sorprende, puedo percibirlo. Ya no me lanzo a lo loco como hacía en mis primeros combates. Decide comenzar a atacar, lanzando una ráfaga imperceptible de oi tsuki (puñetazos), presionando, mientras yo reacciono instantáneamente retrocediendo, esquivando y defendiendo. Siento que llego al final del tatami, así que me desplazo lateralmente, pero él lo espera y lanza una patada lateral. Aunque yo también la esperaba.

La bloqueo sin problemas, pero es muy explosiva. Es dolorosa.
No puedo seguir atrás. Lanzo un par de golpes sin mucha precisión, que me permiten desplazarme al lado contrario del tatami para evitar la penalización por salirme de él. Sigo esquivando, él sigue presionando.
Noto su frustración. Lanza golpes, pero ninguno impacta como debe. Soy blanco. Él marrón.
Sigue golpeando, descubre su rostro poco a poco. Empiezo a ver el hueco. Sigo cargando energías mientras me limito a esquivar. Sus ataques llevan potencia, y aún me duelen las costillas de la patada recibida. Esquivo, retrocedo, me desplazo. Sus golpes no impactan... pero por muy poco.
Su gesto se vuelve agresivo. Ya lo tengo. Se vuelve descuidado, quiere marcar como sea, y eso me dará la oportunidad. Lanza un golpe impreciso.
Ahí está. Un pequeño hueco.
Mi mente sólo lo percibe, ni siquiera llego a verlo, pero mi puño ya ocupa el lugar donde estaba su mandíbula, e instantáneamente el estruendo de un kiai llena la sala mientras recojo el puño con velocidad.
¡Ippon! Un punto.
A pesar de lo perplejo de sus caras, tanto de los asistentes como de mi oponente, el golpe ha llegado y he marcado un punto. El maestro lo consulta con el árbitro más de una vez, para estar seguro. En efecto, ha sido válido.
Reanudamos el combate.
Él está hecho una fiera, me lanza sus combinaciones de forma devastadora y algunos de sus golpes impactan, pero no como para marcar. No se lo permito. Si marco de nuevo... empatamos, y, teniendo en cuenta que soy cinturón blanco, no puede permitirlo bajo ningún concepto. Quiere destruírme cuanto antes.
Estoy hecho polvo, apenas consigo esquivar. Apenas lanzo algún golpe, no me quedan energías. Se descubre la cara golpeando. Es mi oportunidad de cargar mis energías restantes para marcar una última vez... Quedan 30 segundos.
Baja la guardia, y antes de poder lanzar sus puños, los míos ya han llegado a su boca. Pero no lo han hecho como para puntuar. No recojo a tiempo porque me falta técnica, aunque consigo frenar su arrollador empuje. Sus puños se lanzan como mazas, y consiguen encontrar su sitio en mi vientre. Otro punto para él.
Sigo esquivando. Vuelvo a encontrar el hueco en su cara una vez más, mi puño se lanza como un misil, aunando mis últimas fuerzas... llega, colisiona... pero sigo sin recoger. El punto no cuenta.
Jadeo... me cuesta respirar. Sus ataques son potentes, y a pesar de ser más grande que yo, es muy rápido. Ya habíamos combatido juntos antes. Es capaz de ver todos mis ataques. No soy rival para él.
He recibido un mawashi geri (patada lateral) al costado que me arde como el fuego.
Pero aún puedo hacer algo.
El combate empezó equilibrado, ambos mirándonos a los ojos. Calmados. Tensos. Sabíamos que en cualquier momento cualquiera podía lanzar el primer golpe... pero los dos esperábamos al contrario.
Él se sorprende, puedo percibirlo. Ya no me lanzo a lo loco como hacía en mis primeros combates. Decide comenzar a atacar, lanzando una ráfaga imperceptible de oi tsuki (puñetazos), presionando, mientras yo reacciono instantáneamente retrocediendo, esquivando y defendiendo. Siento que llego al final del tatami, así que me desplazo lateralmente, pero él lo espera y lanza una patada lateral. Aunque yo también la esperaba.

La bloqueo sin problemas, pero es muy explosiva. Es dolorosa.
No puedo seguir atrás. Lanzo un par de golpes sin mucha precisión, que me permiten desplazarme al lado contrario del tatami para evitar la penalización por salirme de él. Sigo esquivando, él sigue presionando.
Noto su frustración. Lanza golpes, pero ninguno impacta como debe. Soy blanco. Él marrón.
Sigue golpeando, descubre su rostro poco a poco. Empiezo a ver el hueco. Sigo cargando energías mientras me limito a esquivar. Sus ataques llevan potencia, y aún me duelen las costillas de la patada recibida. Esquivo, retrocedo, me desplazo. Sus golpes no impactan... pero por muy poco.
Su gesto se vuelve agresivo. Ya lo tengo. Se vuelve descuidado, quiere marcar como sea, y eso me dará la oportunidad. Lanza un golpe impreciso.
Ahí está. Un pequeño hueco.
Mi mente sólo lo percibe, ni siquiera llego a verlo, pero mi puño ya ocupa el lugar donde estaba su mandíbula, e instantáneamente el estruendo de un kiai llena la sala mientras recojo el puño con velocidad.
¡Ippon! Un punto.
A pesar de lo perplejo de sus caras, tanto de los asistentes como de mi oponente, el golpe ha llegado y he marcado un punto. El maestro lo consulta con el árbitro más de una vez, para estar seguro. En efecto, ha sido válido.
Reanudamos el combate.
Él está hecho una fiera, me lanza sus combinaciones de forma devastadora y algunos de sus golpes impactan, pero no como para marcar. No se lo permito. Si marco de nuevo... empatamos, y, teniendo en cuenta que soy cinturón blanco, no puede permitirlo bajo ningún concepto. Quiere destruírme cuanto antes.
Estoy hecho polvo, apenas consigo esquivar. Apenas lanzo algún golpe, no me quedan energías. Se descubre la cara golpeando. Es mi oportunidad de cargar mis energías restantes para marcar una última vez... Quedan 30 segundos.
Baja la guardia, y antes de poder lanzar sus puños, los míos ya han llegado a su boca. Pero no lo han hecho como para puntuar. No recojo a tiempo porque me falta técnica, aunque consigo frenar su arrollador empuje. Sus puños se lanzan como mazas, y consiguen encontrar su sitio en mi vientre. Otro punto para él.
Sigo esquivando. Vuelvo a encontrar el hueco en su cara una vez más, mi puño se lanza como un misil, aunando mis últimas fuerzas... llega, colisiona... pero sigo sin recoger. El punto no cuenta.
¡Yame! El combate finaliza.
Pierdo 3 a 1, pero he peleado como debía. Ésto no es una película, no puedo ganar a un marrón de la noche a la mañana... Pero tiempo al tiempo. Ésto es sólo el principio.
Hoy soy más fuerte de lo que era ayer.
Pierdo 3 a 1, pero he peleado como debía. Ésto no es una película, no puedo ganar a un marrón de la noche a la mañana... Pero tiempo al tiempo. Ésto es sólo el principio.
Hoy soy más fuerte de lo que era ayer.
Menos fuerte de lo que seré mañana.

