-¡Rei! - pronunció sensei Victor con firmeza - Muchas gracias chicos. Nos vemos el viernes.
El sudor se deslizaba por mis mejillas en cantidades industriales, como pocas veces en mi vida lo había hecho. Hasta que comencé a entrenar en Karate. El kimono estaba empapado, mis músculos ardiendo y la respiración era dificultosa. Sin embargo, tras despedirme y girar el pomo de la puerta con mi compañero Guillermo, salía del aula como si fuera un campeón.
¿Qué es lo que nos motiva para llegar a la extenuación de esa manera? ¿Por qué uno desea hacerse fuerte?, y ¿qué significa para cada uno ese mismo concepto?
Eso mismo estuve discutiendo con mi compañero mientras nos cambiábamos en los vestuarios. Conocer la opinión de cada uno es muy útil, nos abre la mente ante distintas perspectivas y, en mi opinión, es casi necesario. Aunque no todo el mundo dice cosas útiles, que quede bien claro. Además, él es un primer Dan, por lo que considero que su opinión ha de ser escuchada merecidamente.
Para él, el karate no es más que una forma de deporte, pero uno muy espiritual cuya práctica le llena profundamente. Su perfil le define como alguien que gusta de conocer profundamente aquello que le motiva de forma determinante, y conoce la historia del arte, sus variantes y numerosos datos curiosos del tema. Escucha las explicaciones del sensei con gran énfasis y las almacena en su cerebro, para procurar reproducirlas en caso necesario y no olvidarlas con facilidad. Por otro lado, la capacidad competitiva de este chico es nula. No le atrae en absoluto. Su conocimiento del arte es puramente intelectual y lo interioriza para mejorar su espíritu, y a sí mismo como persona. En este aspecto lo admiro. Es importante obtener un conocimiento profundo del arte, ya que con sabiduría siempre tendremos poder. Pero puede tenerse poder sin sabiduría, lo cual supone un caos y una inutilidad (Como decía el maestro Musashi Miyamoto en el Libro de los Cinco Anillos).
He ahí donde entra mi opinión, y nuestras deferencias de perspectiva ante el mismo asunto. Mientras que él es puramente intelectual (lo cual no significa que no trabaje el cuerpo, todo lo contrario. Es un tipo que está perfectamente en forma) yo soy alguien que, a pesar de absorber todos los datos y conocimientos que se pueden extraer de cada clase, e incluso escribir cuadernos con ellos para no olvidarlos, la competitividad forma parte absoluta de mí. Y creo que la clave de aumentar exponencialmente nuestra habilidad y fuerza a nivel práctico reside en ello.
Para mí hacerme fuerte significa conocer. Pero el conocimiento debe de ser amplio. Con esto me refiero a técnico, táctico y práctico.
- Técnico a la hora de saber el mecanismo de cada técnica o movimiento, cual es su origen y su utilidad. Conocer el pasado es preveer el futuro. Este conocimiento se desarrolla en el táctico.
El sudor se deslizaba por mis mejillas en cantidades industriales, como pocas veces en mi vida lo había hecho. Hasta que comencé a entrenar en Karate. El kimono estaba empapado, mis músculos ardiendo y la respiración era dificultosa. Sin embargo, tras despedirme y girar el pomo de la puerta con mi compañero Guillermo, salía del aula como si fuera un campeón.
¿Qué es lo que nos motiva para llegar a la extenuación de esa manera? ¿Por qué uno desea hacerse fuerte?, y ¿qué significa para cada uno ese mismo concepto?
Eso mismo estuve discutiendo con mi compañero mientras nos cambiábamos en los vestuarios. Conocer la opinión de cada uno es muy útil, nos abre la mente ante distintas perspectivas y, en mi opinión, es casi necesario. Aunque no todo el mundo dice cosas útiles, que quede bien claro. Además, él es un primer Dan, por lo que considero que su opinión ha de ser escuchada merecidamente.
Para él, el karate no es más que una forma de deporte, pero uno muy espiritual cuya práctica le llena profundamente. Su perfil le define como alguien que gusta de conocer profundamente aquello que le motiva de forma determinante, y conoce la historia del arte, sus variantes y numerosos datos curiosos del tema. Escucha las explicaciones del sensei con gran énfasis y las almacena en su cerebro, para procurar reproducirlas en caso necesario y no olvidarlas con facilidad. Por otro lado, la capacidad competitiva de este chico es nula. No le atrae en absoluto. Su conocimiento del arte es puramente intelectual y lo interioriza para mejorar su espíritu, y a sí mismo como persona. En este aspecto lo admiro. Es importante obtener un conocimiento profundo del arte, ya que con sabiduría siempre tendremos poder. Pero puede tenerse poder sin sabiduría, lo cual supone un caos y una inutilidad (Como decía el maestro Musashi Miyamoto en el Libro de los Cinco Anillos).
He ahí donde entra mi opinión, y nuestras deferencias de perspectiva ante el mismo asunto. Mientras que él es puramente intelectual (lo cual no significa que no trabaje el cuerpo, todo lo contrario. Es un tipo que está perfectamente en forma) yo soy alguien que, a pesar de absorber todos los datos y conocimientos que se pueden extraer de cada clase, e incluso escribir cuadernos con ellos para no olvidarlos, la competitividad forma parte absoluta de mí. Y creo que la clave de aumentar exponencialmente nuestra habilidad y fuerza a nivel práctico reside en ello.
Para mí hacerme fuerte significa conocer. Pero el conocimiento debe de ser amplio. Con esto me refiero a técnico, táctico y práctico.
- Técnico a la hora de saber el mecanismo de cada técnica o movimiento, cual es su origen y su utilidad. Conocer el pasado es preveer el futuro. Este conocimiento se desarrolla en el táctico.
- El táctico nos permite usar un conocimiento para aplicarlo correctamente en una situación concreta. Y estas no sólo se limitan a un combate (hablando de artes marciales). Pueden servir para la vida cotidiana, para las relaciones sociales, para negocios... El conocimiento táctico debe ser aplicable de forma práctica.
- La práctica siempre es necesaria. ¿De qué nos sirve todo lo que sabemos hacer si no podemos hacerlo? Saber cómo se hace algo no es saber hacerlo. La práctica es fundamental, encontrar nuestro propio camino para hacer las cosas, y lo más importante: aspirar a hacerlo a la perfección. Entrenar. Y esto no es sólo físico.

Y tras sanos debates y palabras, cada uno se pegó una ducha que nos engrasó de nuevo para seguir con nuestro día. Porque tras tantas palabras, en el fondo lo mejor del entrenamiento es poder ducharse después.