La armonía se íba creando a medida que las teclas eran presionadas una tras otra. Poco a poco, trazaban una melodía que flotaba en el aire. Acordes interpretados con fuerza. Luego melancolía en la música: suavidad en las pulsaciones, para seguir con intensidad y pasión. Y todo esto regado de fallos por la falta de costumbre, pero igualmente la música del piano seguía fluyendo con tranquilidad. Por el rabillo del ojo, él se pregunta si ella está disfrutando. Entonces lo entiende.
Podría estar tocando para ella toda la vida.
¿Qué importa todo lo demás? El mundo puede ser como tu quieras
hacerlo. Puede volver a practicar con constancia para recuperar la habilidad que tuvo un día, la que le hizo entrar entre los primeros puestos del conservatorio profesional de música con pasmosa facilidad. Olvidarse de todo lo demás. De aquellas peleas en las que se metía cuando era más joven y testarudo. De volver sangrando o con la cabeza reventada a contusiones por culpa de alguna panda de extremistas. De ver a dónde pueden llevarles sus sentimientos mutuos: quizá poco más lejos. Quizá mucho más lejos de lo que pensó nunca. Tan lejos como sabe que desea. Sabe que desea eso por encima de todo y le molesta no poder negarlo.
Entonces, poco tiempo después, sin prestarle mucha atención, escucha algo de fondo en la televisión. Otro caso de malos tratos. Él se acerca a la televisión, quiere ver más. Las noticias hablan de lo de siempre. Robos, estafas, bandas que se pelean unas con otras, personas secuestradas, violaciones, desastres, asesinatos. El mundo da asco. El mundo da pena. Y, a pesar de tener la capacidad de albergar cosas maravillosas, también es capaz de contener lo más horrible que se puede imaginar. ¿Por qué? Porque la gente carece de toda moral, todo lo que se separe del propio ego.
Y entonces lo entiende. Ser felíz a veces le hace olvidar que otros no dejan de sufrir. Es por eso que se le oscurece la mirada. No puede dejarlo. Quizá el shodan es un grado importante, pero a él los grados no le importan. Quiere un poder que le permita proteger a los suyos y adiestrar a otros para que hagan lo mismo. Para adiestrar la moral, el espíritu. Quiere cambiar las cosas, más desde abajo que desde arriba. Y por eso no podría dejarlo aunque quisiera, por eso debe hacer su viaje y no tiene más remedio que separarse de ella.
Pero también tiene clara una cosa. Si es su destino, volverá para buscarla, y si es necesario, la recuperará.
Y, entonces, jura que tocará para ella el resto de los días que le queden por delante.
Podría estar tocando para ella toda la vida.
¿Qué importa todo lo demás? El mundo puede ser como tu quieras

Entonces, poco tiempo después, sin prestarle mucha atención, escucha algo de fondo en la televisión. Otro caso de malos tratos. Él se acerca a la televisión, quiere ver más. Las noticias hablan de lo de siempre. Robos, estafas, bandas que se pelean unas con otras, personas secuestradas, violaciones, desastres, asesinatos. El mundo da asco. El mundo da pena. Y, a pesar de tener la capacidad de albergar cosas maravillosas, también es capaz de contener lo más horrible que se puede imaginar. ¿Por qué? Porque la gente carece de toda moral, todo lo que se separe del propio ego.
Y entonces lo entiende. Ser felíz a veces le hace olvidar que otros no dejan de sufrir. Es por eso que se le oscurece la mirada. No puede dejarlo. Quizá el shodan es un grado importante, pero a él los grados no le importan. Quiere un poder que le permita proteger a los suyos y adiestrar a otros para que hagan lo mismo. Para adiestrar la moral, el espíritu. Quiere cambiar las cosas, más desde abajo que desde arriba. Y por eso no podría dejarlo aunque quisiera, por eso debe hacer su viaje y no tiene más remedio que separarse de ella.
Pero también tiene clara una cosa. Si es su destino, volverá para buscarla, y si es necesario, la recuperará.
Y, entonces, jura que tocará para ella el resto de los días que le queden por delante.